¿Por qué Jesucristo ministró al pueblo uno por uno?

Septiembre 20, 2017
Cristo en América, por Jorge Cocco
KnoWhy #209
Cristo en América, por Jorge Cocco
"Y tomó a sus niños pequeños, uno por uno, y los bendijo, y rogó al Padre por ellos".
3 Nefi 17:21

El conocimiento

Cuando Cristo ministró a las personas entre los judíos, Sus bendiciones a menudo fueron acompañadas por actos de contacto físico. Por ejemplo, "cuando sanó a la suegra de Pedro de fiebre, Jesús 'le tocó la mano'. Jesús una vez más 'extendi[ó]... su mano, [y] le tocó' a un hombre con lepra para sanarlo. Tocó los ojos de dos hombres ciegos cuando los sanó. Él sanó un caso de sordera y mudez cuando puso sus dedos 'en' las orejas de un hombre. Él '[puso] las manos sobre' un ciego. Él sanó a un muchacho con un demonio cuando 'tomándole de la mano, le enderezó' y Él sanó a la hija de Jairo cuando 'tomándola de la mano' la levanto de los muertos".1

Richard Holzapfel ha explicado:

Tercer Nefi, algunas veces llamado el quinto evangelio entre los Santos de los Últimos Días, describe el ministerio posresurrecional de Cristo a los nefitas en términos similares a aquellos que usan los cuatro evangelios del Nuevo Testamento. Enfatiza las experiencias individuales del pueblo nefita con el Mesías resucitado, notando su contacto físico directo así como también la imposición de manos como un acto simbólico de transmitir la autoridad y poder.2

Por ejemplo, cuando Cristo apareció por primera vez al pueblo en el templo en la tierra de Abundancia, les invitó a sentir su costado, así como también Sus manos y pies, "y esto hicieron, yendo uno por uno, hasta que todos hubieron llegado" (3 Nefi 11:15, énfasis añadido). Más tarde Jesús pidió a las personas que le trajeran a cualquiera que estuviera enfermo o afligido, "y los sanaba a todos" (3 Nefi 17:9, énfasis añadido). Después de esto, Jesús oró por las personas y luego "tomó a sus niños pequeños, uno por uno, y los bendijo, y rogó al Padre por ellos" (v. 21, énfasis añadido).

Jesús "tocó con la mano a los discípulos que había elegido, uno por uno" y "les dio el poder para conferir el Espíritu Santo" (3 Nefi 18:36-37). Y en su bendición de despedida, Jesús "habló a sus discípulos, uno por uno, diciéndoles: ¿Qué es lo que deseáis de mí después que haya ido al Padre?" (3 Nefi 28:1, énfasis añadido). El toque personal del Salvador fue una parte fuerte y memorable de su presencia y amoroso ministerio.

Concerniente a la forma en que Cristo ministra personalmente a individuos, Holzapfel señaló: "De acuerdo con el modelo del Libro de Mormón, el ministerio seguido ocurre 'uno por uno' y los discípulos entran en contacto con el Salvador y unos con otros. En muchos casos un 'toque' personal es un significado simbólico de transmitir el amor y poder de Dios a una persona".3

El conferir la autoridad del sacerdocio y el desarrollo de las ordenanzas del sacerdocio simbolizan particularmente la preocupación de Cristo por cada persona.4 El apóstol Pablo enseñó que cada persona debe individualmente "labrad [su] salvación con temor y temblor" (Filipenses 2:12). El élder Russell M. Nelson afirmó de manera similar: "Solo podemos bautizarnos y recibir el Espíritu Santo de manera individual. Cada uno de nosotros nace individualmente; del mismo modo, cada uno de nosotros 'nace de nuevo' individualmente".5 Es así que por medio de las ordenanzas del sacerdocio, administradas uno por uno a cada hijo de Dios que está dispuesto a aceptarlas, que Jesucristo es capaz de "[atraer] a [sí] mismo a todos los hombres" (3 Nefi 27:15).    

El porqué

John W. Welch ha observado que "bajo la antigua ley, entrar al Lugar Santísimo y en la presencia del Señor era un privilegio únicamente del sumo sacerdote",6 lo cual es un gran contraste a la inmediación individual del contacto del Salvador con las personas en 3 Nefi. La visita de Jesucristo resucitado a casi "dos mil quinientas almas" en el templo de la tierra de Abundancia significó una expansión dramática a la disponibilidad de Su presencia (3 Nefi 17:25).

Welch explicó que el privilegio del sumo sacerdote de "entrar en la presencia de Dios prefiguraba o tipificaba el mismo honor que vendrá a todos los hijos justo de Dios" y el Sermón del Templo de Cristo "extendió la promesa del convenio de este sagrado privilegio a todo hombre y mujer digno, que estará de pie algún día literalmente en la presencia de Dios".7 Holzapfel también concluyó: "Como discípulos de Jesucristo, deberíamos de reconocer que Jesús eliminó las regulaciones legalistas del código Mosaico y tocó aquellos que habían sido considerados 'intocables' bajo la ley".8

La visita de Cristo al pueblo en la tierra de Abundancia de esta manera envía un mensaje muy personal a cada lector del Libro de Mormón: Jesucristo es un ser vivo, resucitado y glorificado, y Él se ha hecho personalmente disponible para todos aquellos que están dispuestos a venir completamente a Él. Esta manera continúa en los últimos días, como el Señor nos ha invitado: "[B]uscad siempre la faz del Señor" (DyC 101:38), y han prometido que "vendrán los días en que lo veréis, porque os descubrirá su faz; y será en su propio tiempo y a su propia manera, y de acuerdo con su propia voluntad" (DyC 88:68; cf. 93:1). Estas invitaciones son evidencia de que en Su propio tiempo y manera, Cristo personalmente visitará a todos aquellos que vengan a Él.

Significativamente, fue en el Lugar Santísimo del templo o el tabernáculo donde Jehová había revelado su presencia al sumo sacerdote en el antiguo Israel, así como fue en el templo que Jesús reveló a sí mismo a las personas en la tierra de Abundancia. Fue en el templo que Él les enseñó y ministró a ellos uno por uno y fue en el templo que Él administró ordenanzas sagradas del sacerdocio.

Los templos siguen siendo lugares sagrados donde el Señor o sus siervos autorizados ministran personal e individualmente a los hijos de Dios. El presidente Howard W. Hunter enseñó: "Los templos son lugares sagrados en los cuales se obtiene el vínculo más cercano entre el Señor y quienes reciben las ordenanzas más elevadas y sagradas del santo sacerdocio".9 En cuanto a Sus templos en los tiempos modernos, el Señor ha declarado: "[Mi] presencia estará allí, porque vendré a ella; y todos los de corazón puro que allí entren verán a Dios" (DyC 97:16).

El modelo de Cristo de ministrar uno por uno a todos los hijos de Dios—especialmente en los recintos de los santos templos y a través de ordenanzas del santo sacerdocio—demuestra finalmente Su amor ilimitado por cada persona. Concerniente a la visita de Cristo a los nefitas, Hugh Nibley recalcó: "Él apareció enteramente a individuos. Él siempre aparece a los individuos. Eso es la expiación. Les saluda uno por uno, Él les da los signos y señas uno por uno, Él conversa con ellos uno por uno, Él bendice a sus hijos uno por uno".10 El élder Ronald A. Rasband concluyó: "Ciertamente, aquí hay un mensaje personal muy profundo y tierno. Jesucristo nos ministra y nos ama a todos, uno por uno".11

Otras lecturas

David A. Bednar, “One by One,” New Era, July 2016, 38–40, en línea en lds.org.

John W. Welch, “Seeing Third Nephi as the Holy of Holies of the Book of Mormon,” Journal of the Book of Mormon and Other Restoration Scripture 19, no. 1 (2010): 36–55.

Richard Neitzel Holzapfel, “One by One: The Fifth Gospel's Model of Service,” in A Book of Mormon Treasury: Gospel Insights from General Authorities and Religious Educators (Provo, UT: Religious Studies Center, 2003), 378–388.

Ronald A. Rasband, “Uno por uno,” Liahona, Octubre 2000, en línea en lds.org.